He aquí el culmen de la interacción humano-robot: un sistema de teleoperación basado en visión que permite al Unitree G1 mimetizar a la perfección los movimientos de kung-fu de su operador. La precisión del sistema quedó demostrada de forma impecable —y dolorosa— con una patada fulminante directa a la entrepierna del usuario, planteando una pregunta existencial para los anales de la robótica: ¿se acaba de propinar el hombre un golpe bajo a sí mismo usando un avatar de metal?