Hangzhou, China, ha decidido que los semáforos son una reliquia del siglo pasado y ha desplegado un escuadrón de 15 policías humanoides para domar el caos en sus calles más turísticas. Estos incansables agentes de metal cumplen turnos de ocho horas dirigiendo el tráfico, cazando infracciones y haciendo de guía para los despistados, liberando así a sus homólogos humanos para tareas que realmente exigen un cerebro biológico. Al parecer, la receta mágica para la eficiencia vial consiste en un maniquí glorificado que bracea sin descanso y que, por supuesto, no conoce lo que es una pausa para el café.
