En una estación de servicio de Zhengzhou, un robot semihumanoide de Sinopec se encarga ahora de abrir la tapa del combustible, repostar y completar toda la faena en unos rutilantes dos minutos. Al parecer, la charla trivial e incómoda con el empleado de turno era una ineficiencia que la imparable maquinaria de automatización china ha decidido erradicar por completo.