Mientras media industria robótica se desvive por enseñar a sus máquinas a no tropezar con las alfombras o a doblar la colada, esta unidad autónoma de A-FOREST ha nacido con una ambición bastante más épica: frenar en seco la desertificación. Este incansable operario trabaja a destajo en los entornos más áridos y hostiles del planeta, reforestando metódicamente tierras que ya dábamos por perdidas. Con el ambicioso plan de desplegar legiones de estos jardineros de silicio y acero, el futuro de la recuperación ecológica a gran escala acaba de volverse mucho más automatizado y, por suerte para los operarios de carne y hueso, bastante menos polvoriento.