Una noche cualquiera en Liuyang, China, se convirtió en un hito histórico cuando nada menos que 16.000 drones despegaron al unísono para pulverizar el récord mundial de vuelo sincronizado. Los espectáculos de pirotecnia de toda la vida ya pueden ir poniendo las barbas a remojar: está claro que el cielo ha dejado de ser el límite para convertirse, sencillamente, en un lienzo mucho más grande.