La última demostración del robot humanoide de EngineAI es una auténtica declaración de intenciones: la máquina ejecuta tareas complejas de larga duración con una fluidez pasmosa, todo bajo el control de una única política de IA monolítica. Este enfoque “generalista” supone un divorcio total con la vieja escuela de entrenar robots mediante una lista interminable de habilidades aisladas. Al parecer, en el ecosistema de la robótica actual, dotar a un autómata de un cerebro único y ultraadaptable es el nuevo paradigma, dejando atrás la época de enseñarle un millón de trucos por separado.