Invitar a un amigo ajeno al mundo de la ingeniería a «medirse» con tus robots de laboratorio suena al preludio de un chiste tan breve como doloroso. Al final, el remate resultó ser una lección magistral —y bastante cruda— sobre la interacción humano-robot y por qué los protocolos de seguridad para robots colaborativos no están ahí de adorno. Por lo que sabemos, las máquinas salieron indemnes del encuentro y ya han vuelto a sus tareas rutinarias (o a seguir tramando sus planes secretos, según se mire).