Mientras otros humanoides se limitan a aprender cómo cargar cajas sin desarmarse, Adam, la última joya de PNDRobotics, ha decidido que lo suyo es el espectáculo. El robot se ha marcado un Charleston que ha dejado a la industria con la boca abierta, logrando lo que la compañía califica como una primicia mundial para un autómata de tamaño real. Esa fluidez casi sobrenatural en sus movimientos nace de sus 41 grados de libertad y de unos actuadores de alto torque capaces de desplegar cientos de Newton-metro de fuerza, exhibiendo un equilibrio dinámico que hasta ayer solo veíamos en las películas de efectos especiales. Parece que, si finalmente llega la rebelión de las máquinas, al menos tendrá un ritmo envidiable.