Se está convirtiendo en una estampa habitual —aunque todavía reservada para un club extremadamente selecto—: otro cohete ha regresado de las puertas del espacio para posarse con elegancia sobre la superficie terrestre. Esta vez, el protagonismo no es para Hawthorne, sino para la firma comercial china LandSpace, que este miércoles se ha unido oficialmente a la élite tras recuperar con éxito la primera etapa de su cohete Zhuque-3 (ZQ-3) en el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, al noroeste de China.
El Zhuque-3 Y2 rugió en el cielo a las 7:35 a.m. (hora de Pekín), cumpliendo su misión principal de poner en órbita el satélite Honghu-03. Sin embargo, el verdadero espectáculo comenzó minutos después. El propulsor, una mole de más de 40 metros de altura, ejecutó una serie de maniobras coreografiadas para frenar su descenso antes de tocar tierra verticalmente sobre sus patas desplegables en una plataforma preparada para la ocasión. Este hito marca la primera recuperación en tierra firme de un cohete de clase orbital en la historia de China; un paso crítico y, seamos sinceros, innegociable para cualquier empresa que aspire a competir en el mercado de lanzamientos moderno.
Este logro se desmarca de la recuperación mediante redes en alta mar que realizó el cohete estatal Long March-10B en julio, subrayando las dos vías paralelas —y cada vez más competitivas— que recorre la industria espacial china, entre el sector público y el privado. LandSpace, una firma privada, está posicionando claramente su Zhuque-3 de acero inoxidable y metano como el competidor directo del Falcon 9 de SpaceX, con una filosofía de diseño que también se permite ciertos, digamos, guiños estéticos a la Starship.
¿Por qué es un hito fundamental?
Aterrizar un propulsor se ha convertido en el nuevo “Hola, mundo” para las potencias espaciales emergentes. Es la barrera de entrada para el juego de los lanzamientos de bajo coste que SpaceX inventó. Al clavar este aterrizaje, LandSpace no solo ha validado su enfoque técnico, sino que se ha catapultado a la primera división de los proveedores comerciales.
Aunque todavía queda un largo trecho desde una recuperación exitosa hasta la reutilización rutinaria que realmente abarata los costes, esto es una declaración de intenciones en toda regla. Es la señal de que el duopolio global en cohetes reutilizables ha terminado oficialmente, y la carrera por construir las megaconstelaciones de satélites del futuro acaba de ponerse mucho más interesante.

