El maker y YouTuber Aaed Musa ha vuelto a la carga con una actualización de su peculiar perro robótico impulsado por cables, y las cifras son, sencillamente, espectaculares. El nuevo CARA 2.0, fruto de un proyecto de fin de carrera de ingeniería, ha logrado rebanar el presupuesto de su predecesor a menos de la mitad, pasando de los 3.000 dólares a unos mucho más razonables 1.450 dólares. Pero no solo el precio se ha reducido: el robot se ha sometido a una dieta estricta, perdiendo un 42 % de su masa para pasar de los 14,25 kg a unos ágiles 8,26 kg. Estamos ante el sucesor del CARA: La revolución del perro robot impulsado por cables original, aquel que nos robó el corazón con su ingenioso sistema de transmisión por poleas y cables (capstan drives) de mínima holgura.

Desarrollado junto a su equipo universitario, el CARA 2.0 presume de una velocidad de marcha de 0,55 m/s y es capaz de transportar una carga útil de 6,8 kg durante aproximadamente una hora. Aunque el objetivo inicial era romper la barrera de los 1.000 dólares, quedarse en 1.450 dólares por un cuadrúpedo dinámico de nivel entusiasta no es, ni mucho menos, moco de pavo. El ahorro de costes se consiguió sustituyendo los caros tubos de fibra de carbono por estructuras impresas en 3D y recurriendo a motores de drones más económicos, los cuales el equipo tuvo que rebobinar manualmente para triplicar su entrega de par (torque).
¿Por qué es esto importante?
Aquí es donde la historia da un giro inesperado: a pesar del éxito del proyecto, Musa ha decidido jubilar oficialmente la tecnología que le dio nombre al robot. CARA son las siglas de “Capstans Are Really Awesome” (las poleas son la caña), pero tras este último montaje, Musa ha llegado a la conclusión de que, aunque sean fascinantes, son profundamente poco prácticas. En su balance final, afirma que retira el diseño y que no volverá a usar transmisiones por cable en el futuro, lamentando que “simplemente no son nada amigables a la hora del ensamblaje”.
Es la clásica lección de ingeniería aprendida a sangre y fuego en las trincheras. Un diseño puede ser brillante sobre el papel —ofreciendo un backlash inexistente y un rendimiento altísimo—, pero si construirlo y mantenerlo es un calvario, se convierte en un callejón sin salida para aplicaciones reales. Musa ya ha adelantado que para su próximo cuadrúpedo utilizará “actuadores comerciales listos para usar”. Es una conclusión pragmática, aunque algo agridulce, para un proyecto que logró crear un perro robótico mejor y más barato, solo para descubrir que su tecnología fundacional era una premisa tan hermosa como imperfecta. Puedes consultar todos los detalles técnicos en la página del proyecto de Musa.
