China inyecta 5.000 M$ en IA humanoide: 70 M$ diarios

Mientras en Occidente nos enredamos en debates infinitos sobre la ética de la IA, China ha decidido ir por la vía rápida: construirla y financiarla hasta las últimas consecuencias. En los dos primeros meses de 2026, el sector de la robótica humanoide y la IA física (embodied AI) del gigante asiático ha aspirado más de 5.000 millones de dólares en inversión. No es una errata. El capital fluye a un ritmo vertiginoso de más de 70 millones de dólares (unos 500 millones de yuanes) al día. Es un tsunami estratégico diseñado con un solo objetivo: dominar la próxima generación de inteligencia artificial tangible.

La velocidad del despliegue financiero es, sencillamente, abrumadora. En lo que va de año, se han cerrado nueve rondas de financiación que superan los 1.000 millones de yuanes (unos 145 millones de dólares) cada una, frente a las apenas seis operaciones de ese calibre registradas en todo 2025. El gran protagonista de este festín de billetes es Galbot Robotics, que el pasado 2 de marzo cerró una ronda masiva de 2.500 millones de yuanes (~357 millones de dólares), catapultando su valoración hasta los 3.000 millones de dólares. Pero el dato clave no es la cifra, sino quién firma el cheque: la ronda fue coliderada por el “Big Fund III”, el todopoderoso fondo estatal chino para la industria de semiconductores. Es la primera vez que este peso pesado entra en el terreno de la IA física, un movimiento que grita “prioridad nacional estratégica” más fuerte que un sargento en un cuartel.

¿Por qué debería importarnos?

No estamos ante otra burbuja pasajera de capital riesgo; es una maniobra industrial calculada y bendecida por el Estado. La entrada en escena del “Big Fund” —una entidad creada originalmente para garantizar la soberanía de China en los microchips— es la señal definitiva. Pekín está otorgando a la robótica humanoide la misma relevancia geopolítica que a los semiconductores. El frenesí inversor parece haber encontrado su punto de inflexión en julio de 2025, cuando empresas como Unitree Robotics y Agibot lograron contratos comerciales, modestos pero simbólicos, con China Mobile. Ese primer contacto con la viabilidad real parece haber convencido a los inversores y al Gobierno de que el tiempo de las teorías y los prototipos de laboratorio ha terminado.

Mientras las firmas occidentales acaparan titulares con vídeos promocionales impecables, China está construyendo, con una discreción ensordecedora, los cimientos industriales y financieros para desplegar robots humanoides a una escala sin precedentes. El mensaje es nítido: la carrera por la supremacía en la IA física no se ganará solo con algoritmos brillantes, sino con fuerza bruta económica e industrial. Y, ahora mismo, China tiene el pie a fondo en el acelerador.