En un movimiento que destila esa urgencia de quien se acaba de dar cuenta de que el siglo XXI ya va por la mitad, un grupo bipartidista de legisladores estadounidenses ha presentado la Ley de la Comisión Nacional de Robótica (National Commission on Robotics Act). La iniciativa, liderada por los representantes Jay Obernolte (republicano por California), Jennifer McClellan (demócrata por Virginia) y Bob Latta (republicano por Ohio), busca crear un organismo nacional que descifre cómo evitar que Estados Unidos acabe mordiendo el polvo en la carrera robótica global.
El proyecto de ley insta al Departamento de Comercio a reunir a un “comité de sabios” temporal de 18 miembros, compuesto por expertos de la industria, la academia y el gobierno. Este brain trust tendrá una misión de dos años: diseccionar desde los riesgos en la cadena de suministro y los retos de la fuerza laboral hasta la competitividad manufacturera y el siempre presente fantasma de la seguridad nacional. Sus conclusiones se plasmarán en un informe final con “recomendaciones accionables” para el Congreso y la Casa Blanca. “A medida que la robótica sigue transformando nuestra economía, nuestra base industrial y la seguridad nacional, es vital que Estados Unidos mantenga el liderazgo mundial en innovación”, afirmó el congresista Obernolte en un comunicado que bien podría haberse firmado en cualquier momento de la última década.
Como era de esperar, la propuesta ha sido recibida con aplausos —y quizás un suspiro de alivio— por parte del sector. Boston Dynamics, la empresa que nutre Internet con vídeos de sus perros robot (y sus ocasionales tropiezos), elogió el proyecto como “la primera pieza de legislación federal que apoya el crecimiento y el éxito de la industria robótica en los Estados Unidos”. Por su parte, Michael Robbins, CEO de la Association for Unmanned Vehicle Systems International (AUVSI), añadió que el dominio de esta industria “determinará quién lidera la próxima revolución industrial”.
¿Por qué esto es importante ahora?
Mientras Washington se pone de acuerdo para formar un comité que escriba un informe, el resto del mundo está desplegando robots a un ritmo de vértigo. La urgencia de esta ley se vuelve cristalina al analizar las cifras. Según el último informe “World Robotics” de la Federación Internacional de Robótica (IFR), Estados Unidos ocupaba el undécimo puesto mundial en densidad robótica en 2023, con 295 robots por cada 10.000 empleados en la industria manufacturera.
Esa cifra palidece frente al líder indiscutible, Corea del Sur, que presume de una asombrosa densidad de 1.012 robots por cada 10.000 trabajadores. Alemania y Japón también adelantan por la derecha a EE. UU., con 429 y 419 unidades respectivamente. Mientras tanto, China, que ya escala hasta la tercera posición, está instalando más robots industriales que el resto del mundo combinado, demostrando una apuesta nacional feroz por la automatización. Esta comisión no es solo una invitación a la innovación; es un intento tardío de evitar que Estados Unidos caiga en una “brecha robótica” estratégica con graves consecuencias económicas y de seguridad. El reloj no se detiene.













