Perros robot 'IA' virales: ¡Siguen siendo una estafa!

Justo cuando pensabas que tus redes sociales por fin se habían librado de la basura publicitaria, han vuelto. La “amenaza fantasma” del mundo del juguete —esos perros robóticos supuestamente dotados de “IA”— está inundando de nuevo las plataformas con anuncios tan pulidos como engañosos. Bajo nombres como “Wuffy Puppy”, “Nico” o cualquier otra marca de usar y tirar, estos productos prometen una inteligencia artificial avanzada y una compañía casi humana por un precio sospechosamente bajo. La realidad es un trozo de plástico barato que apenas puede caminar en línea recta, movido por una tecnología que ya resultaba decepcionante en los años 90.

El manual de estrategia de estos estafadores es tan cínico como efectivo. Utilizan vídeos generados por IA que, en ocasiones, muestran cachorros reales en lugar del producto físico para crear una imagen totalmente distorsionada de lo que el robot es capaz de hacer. Estos anuncios, omnipresentes en YouTube, tienen como objetivo a compradores desprevenidos, con campañas diseñadas específicamente para personas mayores que buscan un regalo. Un usuario de Reddit señalaba un anuncio donde una “abuela” elogiaba lo realista que era el perrito para su nieta —un vídeo, por cierto, creado íntegramente por IA—. A esto se le suman contadores de tiempo falsos y rebajas perpetuas del “50%” para forzar una urgencia inexistente.

Captura de pantalla de un anuncio engañoso típico de un perro robot de juguete barato.

Más allá del engaño evidente, estos trastos suponen un peligro real. Como ya advertimos en nuestra cobertura anterior sobre La estafa del perro robot viral: no caigas esta Navidad , la calidad de fabricación suele ser nefasta. El problema más grave reside en las baterías de iones de litio de baja calidad y sus cargadores, que pueden sobrecalentarse, derretir la carcasa de plástico y, en el peor de los casos, provocar un incendio. Las reseñas en sitios como Trustpilot son un desierto de lamentos: clientes que reciben algo que no se parece en nada al anuncio, que se rompe al sacarlo de la caja o que, directamente, nunca llega a su destino.

Un ejemplo de un clon del Wuffy Puppy que muestra la naturaleza simplista del juguete real.

¿Por qué debería importarnos?

Esta estafa persistente pone de relieve un fallo estrepitoso en la responsabilidad de las plataformas. Aunque las políticas publicitarias de Google prohíben oficialmente la falsedad documental y las prácticas engañosas, estos anuncios siguen colándose por las grietas, generando ingresos tanto para los estafadores como para la propia plataforma. Es la prueba de cómo el término “IA” se ha convertido en un arma para engañar a consumidores que no tienen por qué saber que la verdadera inteligencia robótica cuesta miles de euros, no 39,99 €. Hasta que las plataformas rindan cuentas por los anuncios fraudulentos que sirven, el usuario tendrá que navegar por un mercado digital donde ya no te puedes fiar de tus propios ojos. Un consejo: si te prometen un Boston Dynamics a precio de bazar, te están tomando el pelo.