En el gran escaparate de profecías tecnológicas que es la Web Summit 2025, Andrew Macdonald, COO de Uber, Inc., no se anduvo con rodeos sobre el futuro de los robotaxis. En una charla con Craig Trudell de Bloomberg News, Macdonald puso un listón de vértigo para nuestros futuros chóferes de silicio: la IA debe ser “10 veces mejor que los humanos” antes de que esté lista para el prime time. No se trata solo de cambiar a una persona por un procesador; es un salto cuántico en seguridad y fiabilidad que la industria todavía está intentando alcanzar.
Macdonald no tardó en señalar que la montaña de obstáculos va mucho más allá de la simple IA. La economía de poseer y operar una flota masiva de vehículos autónomos es un terreno radicalmente distinto —y brutalmente caro— comparado con su actual modelo asset-light (ligero en activos). Los desafíos de la propiedad de los vehículos, la infraestructura de carga y el mantenimiento representan una pesadilla logística que hace que gestionar una red global de conductores humanos parezca un juego de niños. Es un baño de realidad para cualquiera que espere una transición mágica de la noche a la mañana hacia ciudades sin conductores.
Tras haber aprendido un par de lecciones muy costosas con sus propias ambiciones de desarrollo de vehículos autónomos, el nuevo manual de estrategia de Uber se centra ahora en las alianzas estratégicas. Macdonald destacó la colaboración de la compañía con Waymo en Texas, señalando que los vehículos autónomos de esa flota se utilizan más del 99% del tiempo que sus equivalentes conducidos por humanos. Esta eficiencia se apoya en colaboraciones profundas con gigantes como Nvidia, cuyas plataformas de automoción e IA son la columna vertebral del ecosistema. El papel de Uber está mutando hacia el de un proveedor de datos y operador de red, inyectando datos de uso real de su imperio de transporte compartido —e incluso datos de vídeo de socios como Lucid— para ayudar a forjar una IA más inteligente.
¿Por qué es esto importante?
Uber está ejecutando un giro pragmático, aunque quizás menos glamuroso. En lugar de intentar construir todo el ecosistema autónomo desde cero, se está posicionando como la plataforma indispensable que conectará las diversas tecnologías de robotaxis con su gigantesca base de clientes. Al proporcionar la red y los datos, y dejar que especialistas en hardware e IA como Nvidia y Waymo se encarguen de la tarea hercúlea de desarrollar los coches, Uber aspira a seguir siendo el dueño de la relación con el cliente y de la logística operativa. Es una admisión tácita de que el camino hacia un futuro de robotaxis es demasiado largo y costoso para recorrerlo en solitario, y que el verdadero negocio podría estar en vender los mapas, no en fabricar los coches.













