Elon Musk nunca ha sido de los que se conforman con ideas discretas, pero su última tesis económica podría ser, de lejos, la más temeraria hasta la fecha. El magnate tecnológico parece estar dando la espalda a las recetas tradicionales de austeridad para abrazar una estrategia mucho más grandilocuente: desplegar millones de robots que impulsen la economía estadounidense a través de una automatización sin precedentes.
Esta visión es el núcleo del proyecto Optimus de Tesla, una iniciativa que, según el propio Musk, acabará eclipsando en valor a todo el sector automotriz de la marca. En lugar de apretarse el cinturón con los clásicos recortes de gastos, Musk apuesta por la fabricación masiva de humanoides como el motor definitivo del crecimiento. Su propuesta es, en esencia, automatizar tramos enteros de la economía para disparar la productividad a niveles que la mano de obra humana, por sí sola, jamás podría alcanzar.
Claro que, en Robot King, nos asalta una duda razonable: ¿vendrán estos millones de autómatas programados de serie para votar por los candidatos predilectos de Musk o para pagar religiosamente la suscripción a X Premium? Al menos, lo mínimo que podemos esperar es que inunden las redes con publicaciones alabando la genialidad de su creador. ¡Un pequeño peaje, supongo, a cambio de la salvación económica total!













