MS: La flota de robotaxis de Tesla, a punto de un 'punto de inflexión'

Una semana más, y otra predicción audaz sobre ese futuro glorioso y autónomo que tanto nos prometen. Esta vez, los oráculos financieros de Morgan Stanley han echado un vistazo a su bola de cristal y lo que han visto es un mundo rebosante de robotaxis de Tesla. Mientras la industria lleva lo que parece una eternidad cociéndose en promesas de coches autónomos, este último pronóstico pone sobre la mesa cifras sorprendentemente tangibles, sugiriendo que Tesla se acerca a un auténtico “punto de inflexión”: de proyecto de ciencia ficción a una mente colmena vehicular de un millón de unidades.

El informe, rubricado por el analista Andrew Percoco —quien hace poco tomó las riendas de Tesla de manos del célebremente alcista Adam Jonas—, augura un despegue considerable. El banco prevé que la flota actual de Tesla, de entre 50 y 150 vehículos de prueba, se hinche hasta alcanzar unos 1.000 robotaxis en las carreteras estadounidenses para 2026. Avancemos rápido hasta 2035, y esa cifra podría explotar hasta el millón de vehículos autónomos operando en múltiples ciudades. Un salto asombroso que reconfiguraría de raíz la movilidad urbana, siempre y cuando, claro está, los puñeteros detalles de la realidad, la regulación y la aceptación pública no se interpongan en el camino.

Las tres pruebas de fuego de la autonomía

Según Morgan Stanley, este futuro utópico (o distópico, según cómo se mire el tráfico) pende de que Tesla supere con éxito tres pruebas de fuego cruciales. No son meros escollos técnicos; hablamos de cambios fundamentales en la operación y la producción que marcarían el verdadero lanzamiento comercial.

Primero, y lo más crítico, es abrir el servicio de robotaxi al público general sin un supervisor humano de seguridad a bordo. Esta es la madre del cordero. Las pruebas recientes en Austin, Texas, han mostrado vehículos de Tesla circulando por las calles completamente vacíos, un hito que el CEO Elon Musk confirmó que estaba en marcha. Si bien estas son aún rondas de validación internas y no están disponibles para clientes de pago, es un paso crucial para deshacerse del “niñero” humano.

En segundo lugar, Tesla debe demostrar una mejora constante en las métricas de seguridad a medida que acumula más kilómetros sin supervisión alguna. Los reguladores y el público exigirán pruebas abrumadoras de que estas máquinas son más seguras que los humanos distraídos y propensos a errores a los que están reemplazando. Cada desconexión, cada titubeo extraño en un cruce de cuatro vías será escrutado con lupa. La capacidad de Tesla para escalar su argumento de seguridad a nuevas ciudades y estados en 2026 es de suma importancia.

En tercer lugar, la llegada del Cybercab. Morgan Stanley señala un inicio de producción previsto para abril de 2026. No es un simple Model Y modificado; es un vehículo diseñado desde cero para este fin, sin volante, sin pedales y con solo dos asientos, todo ello pensado para una eficiencia máxima y una fabricación de bajo coste. Musk ha afirmado que este vehículo, construido con un proceso de fabricación “desempaquetado” (unboxed), podría llegar a salir de la línea de producción cada 10 segundos.

Del banco de pruebas de Austin a la dominación urbana

La realidad actual es bastante más modesta. El programa de robotaxis de Tesla sigue siendo un experimento pequeño y estrictamente controlado, centrado principalmente en Austin y el Área de la Bahía de San Francisco. Estos despliegues iniciales, que comenzaron con supervisores humanos en el asiento del pasajero, son los primeros pasos ineludibles. El reciente paso a pruebas de conducción totalmente desocupadas en Austin es una señal tangible de progreso, que mueve la aguja de una tecnología perpetuamente “a la vuelta de la esquina” a algo que ya se puede ver y validar en las vías públicas.

Aun así, la brecha entre unas pocas docenas de coches en Texas y una red de un millón de vehículos es abismal. Competidores como Waymo ya operan servicios comerciales totalmente autónomos y están ampliando sus propias flotas. Sin embargo, la tesis de Morgan Stanley se apoya en la capacidad única de Tesla para escalar la fabricación y aprovechar su ingente cantidad de datos de su flota de consumo.

Una apuesta calculada por un futuro robótico

Morgan Stanley mantiene una calificación “Equal-weight” (peso igual) equilibrada sobre las acciones de Tesla, reconociendo que la ejecución y la aprobación regulatoria siguen siendo obstáculos monumentales. El pronóstico no es una garantía; es una hoja de ruta de lo que es posible si Tesla logra cumplir sus ambiciosas promesas. El camino de los programas piloto cautelosos a una red a escala urbana se está volviendo más claro, pero es un camino sembrado de desafíos técnicos y trabas burocráticas.

Por ahora, la visión de un millón de robotaxis de Tesla sigue en el horizonte. Pero con cada kilómetro sin supervisión recorrido en Austin y cada paso más cerca de la producción del Cybercab, ese horizonte se acerca un poquito más. Si esto es el amanecer de una nueva era en el transporte o simplemente el último capítulo en el ciclo de bombo de Tesla, está por verse. Lo que sí está claro es que Wall Street empieza a creer que el “si” se está transformando en un “cuando”.