Justo cuando creíamos que el mundo tecnológico no podía saturarse más de promesas de salvación por la IA y de un futuro autónomo en cada esquina, Elon Musk se conecta al podcast de Joe Rogan para recordarnos que sigue siendo el maestro indiscutible del “agárrenme el cubata” en lo que a anuncios de productos se refiere. Esta vez, nos ha puesto la miel en los labios con un vehículo tan avanzado, tan rompedor de esquemas, que ni siquiera él está seguro de si califica como “coche” ya.
Durante su última sesión maratoniana en The Joe Rogan Experience, Musk lanzó crípticos avances sobre una próxima demostración de producto que, garantizó, sería “inolvidable”. Cuando le insistieron, recordó el famoso lamento de su amigo Peter Thiel: “Se suponía que el futuro tendría coches voladores, pero no tenemos coches voladores”. La pista fue tan sutil como el aterrizaje de un cohete Falcon Heavy en una plataforma oceánica. La nueva máquina, afirmó Musk, es “más descabellada que cualquier cosa de James Bond”. Y añadió, con esa chispa característica de quien sabe que acaba de reventar internet, que la revelación podría ocurrir antes de fin de año.

¿Es esto solo el paquete SpaceX del Roadster, pero a lo bestia?
Antes de que empecemos a despejar las azoteas para instalar helipuertos, una buena dosis de escepticismo no viene nada mal. Musk lleva años prometiendo un Tesla “volador”, específicamente ligado al mítico Roadster de segunda generación. El “SpaceX Package” para el Roadster, mencionado por primera vez en 2018, supuestamente reemplazaría los asientos traseros con un recipiente a presión envuelto en composite que alimentaría una serie de propulsores de gas frío.
Estos propulsores, utilizando aire altamente comprimido, proporcionarían impulsos espectaculares en aceleración, frenado y en las curvas, y, como Musk añadió con una sonrisa pícara, “quizás incluso permitan que un Tesla vuele”. Seamos claros: esto es levitar y dar pequeños saltos, no surcar el cielo como un taxi aéreo futurista. Es menos Los Supersónicos y más un saltamontes muy cabreado y rapidísimo. El hecho de que el propio Roadster, desvelado en 2017, siga siendo un fantasma en el catálogo de Tesla añade otra capa de humo a estas grandilocuentes afirmaciones.
Un futuro nostálgico: nos prometieron coches voladores
La referencia de Musk a Peter Thiel da en la diana de una profunda decepción cultural. La ocurrencia de Thiel, “Nos prometieron coches voladores, y todo lo que obtuvimos fueron 140 caracteres”, se ha convertido en un mantra para la desilusión tecnológica. Conecta con un sueño retrofuturista moldeado por décadas de ciencia ficción y espectáculo cinematográfico. Afirmar que su nuevo vehículo supera a toda la franquicia Bond es un guante lanzado con una audacia particular. El Departamento Q, al fin y al cabo, ha puesto el listón bastante alto.
La lista de deseos del Departamento Q
Para calibrar la magnitud de la fanfarronada de Musk, echemos un vistazo a la competencia:
- Aston Martin DB5 (Goldfinger, 1964): El coche de gadgets original, equipado con asiento eyector, ametralladoras, dispensadores de aceite y matrículas giratorias.
- Lotus Esprit S1 (La espía que me amó, 1977): Un coche que se transforma, así como quien no quiere la cosa, en un submarino totalmente funcional, con misiles tierra-aire incluidos.
- Aston Martin V8 Vantage (Alta tensión, 1987): Equipado con láseres, cohetes y esquís estabilizadores retráctiles para escapadas sobre hielo.
- Aston Martin V12 Vanquish (Muere otro día, 2002): Contaba con un dispositivo de camuflaje adaptativo que lo hacía, en la práctica, invisible.
Musk no solo promete un caballo más rápido; promete un unicornio alado que te hace la declaración de la renta.
Los cielos concurridos del mercado eVTOL
Si Musk planea algo más sustancial que un simple salto impulsado por propulsores, se adentrará en un espacio aéreo ya de por sí bastante concurrido. El sector de los vehículos eléctricos de despegue y aterrizaje vertical (eVTOL) está plagado de empresas bien financiadas, todas compitiendo por convertirse en el Uber de los cielos.
Compañías como Joby Aviation, Archer Aviation y Wisk Aero ya están inmersas en procesos de desarrollo y certificación para sus taxis aéreos eléctricos. Son proyectos aeroespaciales serios que buscan resolver la movilidad urbana con aeronaves silenciosas, eficientes y, con el tiempo, autónomas. Si Tesla planea competir, necesitará más que una ingeniería inteligente; se enfrentará a un laberinto regulatorio y a una competencia arraigada.

¿Una contradicción autónoma?
Para rizar el rizo de esta historia, tenemos el propio y cambiante enfoque de Musk. Su nuevo avatar en X (antes Twitter) muestra un capó de coche con la frase “THE FUTURE IS AUTONOMOUS” garabateada al estilo grafiti. Esto concuerda con el reciente evento “We, Robot” de Tesla, donde se promocionaron con fuerza el futuro Robotaxi y el robot humanoide Optimus como las piedras angulares de un futuro autónomo.
¿Cómo encaja una máquina voladora de alto rendimiento, pensada para la conducción activa, en un futuro donde ni siquiera necesitas un volante? Un coche volador parece el juguete definitivo para el conductor, una contradicción directa con el modelo de transporte pasivo y orientado al servicio por el que Tesla está apostando públicamente su futuro. ¿Es esto un proyecto personal, una distracción inteligente o la señal de una estrategia mucho más amplia y ambiciosa que conecta el transporte personal en tierra y en el aire?
Sea esto un Roadster con aspiraciones de cohete, un Tesla eVTOL en toda regla o el farol más épico de la historia del automóvil, Musk ha conseguido, una vez más, captar nuestra atención. Como él mismo admitió, la revelación será inolvidable, “sea buena o mala”. Preparen las palomitas. El Departamento Q está oficialmente avisado.













